Testimonio

El colegio Santo Domingo tiene la apariencia de una casita de cuento por fuera y es, todavía, más bonito por dentro. Todas y cada una de las instalaciones están cuidadas al mínimo detalle.
Se trabaja en aulas inclusivas, en la que cada niño cuenta, con un profesorado en continua formación, implicado en la historia personal y académica de cada uno. Por más años que pasan, entre docentes y alumnado nunca se pierde ese primer hilo conductor.
Desde la persona que recibe a los niños por la mañana en la puerta, hasta el último profesor que los entrega en la fila de salida por la tarde, pasando por el personal de cocina y cuidado de niños en el recreo, todos forman parte del espíritu del colegio.
Se respira un ambiente de cariño y respeto que solo los que tenemos la suerte de estar dentro, conocemos.
En definitiva, en el colegio Santo Domingo sientes que te miran a los ojos. Es la mejor decisión, sin duda alguna.

Esther
Madre